2009 Alucinando bajo la lluvia

Parecía que lo ocurrido en la final de 2006 había colmado la capacidad de asombro de los habituales del Tenis Playa. Pues no.
El 5 de agosto de 2009 se vivió el más difícil todavía en la playa de La Ribera. Porque esa noche la lluvia no dio respiro.
A diferencia de la final Cañas-Almagro tres años antes, esta vez los jugadores bajaron a la pista y los aficionados
se instalaron en las gradas después de más de dos horas de un orbayu que por momentos iba a más. Guillermo Cañas
y David Ferrer dieron el primer paso al aceptar jugar el partido sin condiciones. Los aficionados les respaldaron masivamente
al ocupar más de tres cuartas partes de los asientos, pese a que muchas personas que tenían su abono o entrada
renunciaron a desplazarse a Luanco ante la incertidumbre creada. Ese gesto ya tuvo un valor incalculable, pero lo mejor
vino después. La organización decidió que el partido se disputase a un solo set al mejor de diez juegos, para no alargar
la velada. Los tenistas, en un alarde de profesionalidad y respeto por el público, acabaron convirtiendo el partido en una
de las mejores finales de la historia. Una final alucinante.

Lluvia