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5 de noviembre de 2013
Una mención muy especial

 

La aportación de dos grandes del tenis

En mi carta de despedida, del pasado 31 de octubre, no he querido mencionar de forma expresa a ninguna de las personas vinculadas al Torneo Tenis Playa de Luanco, pues el objetivo era dejar patente el reconocimiento general a toda persona, entidad u organismo que hubiera prestado su colaboración a lo largo de la dilatada historia del Torneo. Sin poner a nadie por encima de los demás ni dar la impresión de dejar en el olvido a otros.

Sin embargo, ni quiero ni debo dejar de realizar una mención muy especial a dos personas  trascendentales en el Torneo de Luanco: Manolo Galé y Juan Avendaño.

Juan Avendaño apareció en el Torneo en el año 1973 y con 12 años perdió en cuartos de final con el campeón de la edición. Para que pudiera participar tuvimos que alterar el reglamento que, en aquella ocasión, exigía tener 13 años cumplidos. Suerte de flexibilidad en la aplicación del reglamento, pues al año siguiente, aquel luanquín, de tan solo 13 años, se proclamaría campeón del Torneo en una final épica que trascendió a todos los medios de difusión regionales: “El futuro Santana”, titularon algunos. Juan, ganaría el Torneo en ocho ocasiones más y sería el revulsivo del tenis asturiano. Con una gran carrera en su etapa junior, llego a ser un destacado tenista profesional para después desarrollar una brillante carrera como técnico, llegando a conquistar dos Copas Davis como capitán del equipo español. Nunca olvidó el Torneo. Siempre participó como tenista y colaboró de forma notable a lo largo de toda su carrera, destacando especialmente su influencia en la participación de Carlos Moya en el año 1999, cuando éste se encontraba en la cresta de sus éxitos y era inalcanzable para nuestros recursos.

Manolo Galé, es la persona que más ha hecho por el tenis en Asturias. Con toda una vida dedicada a este deporte, considero que representa la excelencia de la dedicación desinteresada. Desde muy joven ha recorrido todos los grandes foros del tenis mundial lo que le ha proporcionado un gran conocimiento en la materia y el contacto con las grandes figuras de este deporte.  Luanco no sería una excepción.  A principios de los años setenta, cuanto el Torneo alcanzó cierta popularidad a través de la proyección de Avendaño, Manolo se acercó a Luanco para brindarnos su apoyo y enseñarnos a movernos por un entorno desconocido para el grupo de amigos que iniciamos esta aventura. En aquel primer ciclo, que duró hasta 1985,  su aportación fue fundamental. A él se debe la participación en Luanco de figuras de la talla de Santana, Orantes, Fillol o Kodes. Desde entonces Manolo Galé está especialmente vinculado al tenis en Luanco.

Si Juan Avendaño no hubiera aparecido por La Ribera, el Torneo, que hoy tiene proyección internacional, quedaría en una aventura de cuatro o cinco años a nivel regional. Sin Juan, el actual Tenis Playa no hubiera existido. Pues bien, es muy probable que sin el empeño de Manolo Galé, el Avendaño tenista tampoco lo hubiera hecho y, en consecuencia, Luanco no contaría con el privilegio de disfrutar de varios de los mejores tenistas del circuito jugando en un entorno único en el mundo. Por todo ello los nombres de Galé y Avendaño están escritos con letras de oro en la historia del Torneo.

En lo personal, mi reconocimiento, agradecimiento y cariño a dos grandes amigos que han hecho posible que yo disfrutara de esta fantástica aventura durante 34 años.

Solamente por disfrutar de su amistad ya ha merecido la pena.

José Manuel Fernández

Galé y Avendaño con David Ferrer

 

 
   
   
 
 
 
 
 
 
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